Ayer me llamaron madrastra (por no decirme malamadre, no tienes sentimientos e incluso tú no quieres a tus hijos) y os soy sincera: ni me inmuté, callé y mi rostro permaneció imperturbable. Estoy tan cansada de que todo el mundo tenga algo que decir sobre las decisiones que tomo como madre que he alcanzado un nivel en el que las cosas me resbalan como nunca hubiese imaginado.

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Todo empezó cuando me preguntaron: “¿Qué tal llevas la incorporación al trabajo, como te encuentras?” A lo que contesté: “Pues la verdad es que muy contenta, me han recibido muy bien y por ahora, aunque duermo poco lo llevo bien”. No os imagináis la “cara de esta qué me está contando” que me puso… estaba incrédula y no entendía nada, ella es una dedicada y excepcional madre de 5 vástagos, así que insistió y me hizo otra pregunta: “¿No te da pena dejar a los peques? A lo que respondí otra vez con sinceridad: “Bueno, Martín se queda con mi madre, así que estoy tranquila porque se queda con ella, no es como si hubiese tenido que dejarle en la guarde y Daniela, ya me cuenta lo que hace en la guarde y aunque a veces le cuesta ir, una vez allí se lanza a la profe y no mira atrás, además sale siempre muy contenta”. Esta última frase no pude terminarla porque me interrumpió y me dijo: “Uy, vaya, pues que..mrmadlkj, maslkhr, (no le salía la palabra) ¡qué madrastra eres! 

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Como siempre, te juzgan sin saber, la gente no empatiza y la mayoría no entiende que haya gente que tengamos un trabajo que nos guste, que nos sintamos liberadas, felices, afortunadas, lo que sea, por no tener que estar todo el día entre comidas, pañales y juegos…

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Tengo reducción de jornada, desde las 15:30 hasta la hora de dormir estoy con mis hij@s y no tengo que dar explicaciones de esto, NO ME PREGUNTÉIS si vuestra intención es juzgarme, porque estoy FELIZ con esta situación: juego con ellos, les llevo al parque, pintamos, hacemos puzzles, bailamos, vemos películas, tengo tiempo suficiente para ser profesional en mi curro y madre en casa e incluso blogguer, amiga y mujer en ratitos que saco.

Qué pena que sigamos con estas historias de juzgar, ah! Y de paso digo también que no por tener menos dinero eres mejor madre, que es que ya está bien también, a lo mejor la culpa no es de las madres, trabajadoras o no, sino de las empresas que no ayudan a la conciliación y por eso hay quienes tienen que renunciar a su actividad profesional.

Ayer me acordé mucho de Con gorro y a lo loco y de Malasmadres

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